Hay fotografías que con el tiempo dejan de ser únicamente un recuerdo. Esta pertenece a una etapa de mi trayectoria profesional vinculada al recurso equino de la Policía Local.
Trabajar con un recurso diferente obliga también a mirar el servicio de una manera diferente. El caballo ofrecía posibilidades específicas de presencia, observación, proximidad y actuación en determinados espacios. Pero, como ocurre con cualquier herramienta profesional, su utilidad dependía siempre del contexto.
Ahí aparece una enseñanza que sigo considerando plenamente vigente: no existe un recurso adecuado para todas las situaciones.
Antes de actuar hay que interpretar qué está ocurriendo, valorar las necesidades del entorno, los riesgos existentes y los medios disponibles. La herramienta nunca debería determinar la respuesta; debería ser la situación la que nos ayude a decidir qué herramienta utilizar.
Aquella experiencia también me permitió comprobar cómo cambia la relación con el ciudadano cuando cambia la forma de presencia policial. La proximidad, la visibilidad y la capacidad de observación forman igualmente parte del servicio.
Con los años he encontrado esa misma lógica en otros ámbitos profesionales: en la calle, en la coordinación operativa, en la gestión de una incidencia o ante una persona que atraviesa una situación crítica.
Cambian los escenarios. Cambian los recursos. Cambia la información disponible.
Pero permanece una necesidad común: comprender antes de decidir.
La experiencia profesional adquiere verdadero valor cuando conseguimos convertirla en aprendizaje. Cada destino, cada función y cada herramienta aportan una perspectiva diferente sobre una profesión en la que pocas situaciones admiten respuestas automáticas.
Distintos recursos. Una misma misión.
El contexto cambia. Y una respuesta profesional también debe saber hacerlo.
